Ilustración de portada de Joaquín Olmo, ¡un crack!
«Antes de adoptar el fabuloso nombre de Dáimôn H. Eliot, el joven universitario Manuel Sanjuán tenía un rostro anguloso y sensual, melenita de conquistador y ademanes que denotaban un carácter impulsivo y arrogante. Tenía, asimismo, una inteligencia sutil y apenas usada, una prometedora carrera política por delante y todas las oportunidades económicas y sexuales que se le pueden antojar a un hombre. De todo el lote, nada quedó tras el accidente más que el dinero, que le llovía del cielo, y la inteligencia, que entró por fin en uso.»
Ediciones Trea, 2019, Narrativa
Diseño de portada de Jesús Palmero
«Dicen también, y hasta podría parecerse un poco a la verdad, que llegó al atardecer, que el perfil del carromato, con el mulo delante y el chucho detrás husmeando orines e inmundicias, se dibujaba contra la última luz del día, cárdena y absurdamente lujosa; he oído que avanzaba con un infantil cascabeleo, que movía a risa y a lástima y fue tomado por feriante, pellejero, reparador de hojalatas, vendedor de biblias o elixires, trapero, simple misterio inescrutable y perecedero.»
Devoradores de tiempo
VV. AA.
Marciano Sonoro Ediciones, 2019, Relatos al viento rugidor
En portada, 'Last Song Again', dibujín hecho en casa
«"Bellas y terribles", había dicho el profesor Jornet. O quizá no fueron exactamente esos los adjetivos (el profesor Jornet no era un poeta, desde luego); pero eso venían a significar y así las imaginaba el profesor Euden. Bellas y terribles, como los ángeles de Rilke.»
Ediciones caseras :), 2018, Cuentos postales, 2
En portada: 'Chinese Vase Flying', dibujín casero
«El doctor Askle dice que sólo hay una realidad: esta casa y las pastillas, mi cuarto, cosas concretas como ese jarrón y la próxima actividad, las sesiones de terapia, etcétera. Una realidad a la que yo he de aferrarme, porque lo demás ocurre sólo en mi cabeza y me perjudica, dice.»
(de la dinastía Tung Chih) al ser arrojado…
Cuentos Postales, nº 1, 2017
Ilustración de Joaquín Olmo
«Ya no recuerdo la primera vez… Quizá no la hubo nunca, quizá me conviene más no recordarla. Éramos una vez dos jóvenes que vivían en una aldea bávara, en mitad de un siglo sangriento. Nos encontrábamos cada tarde en un recodo del río, en las cuevas, entre los juncos. Le gustaba que trenzara flores para ella, no llevar encima nada más que las coronas que yo le hacía. Trescientos años antes, ella había pertenecido a una secta herética, de la que yo era el profeta. Fue mi más fiel discípula y juntos predicamos el amor y la pobreza (más el amor que la pobreza). La condenaron por bruja, por súcubo, por libre; le arrancaron las uñas, cortaron su cabello y sus pechos y ardió en la hoguera gritando que me amaba mientras una rata (de palacio) daba cuenta de mi corazón…»
Ediciones TREA, 2017, Narrativa
Alberto R. Torices
+34 625 48 19 00 ISSUU